
La Villa de Orotava, magnífica y señorial, se extiende sobre el intenso valle de plataneras que lleva su nombre. Cuajada de edificios históricos y construcciones de rancio abolengo, constituye, sin duda, un lugar ideal para entrar en contacto con la cultura y las tradiciones isleñas, su historia y su brillante pasado.
Con una superficie de 218’9 kilómetros cuadrados y unos 40500 habitantes, la totalidad de su casco antiguo está declarado Monumento de Interés Histórico Artístico Nacional y encierra joyas arquitectónicas de marcado carácter.
La Orotava ha sabido guardar sus tradiciones y renueva, año tras año, celebraciones de gran interés y atractivo cultural, como las que tienen lugar con motivo del Corpus Christi, cuando los propios vecinos llenan de arte las calles cubriéndolas de espectaculares alfombras elaboradas con flores y arenas volcánicas de gran colorido.
En un entorno natural de espectacular belleza, la Villa de Orotava se rodea de verdes plataneras y de monte, y mira al volcán con admiración desde su falda; no en vano sobre su suelo se asienta una importante extensión del Parque Nacional del Teide, hasta donde llegan numerosos senderos que invitan a placenteras jornadas de paseo en la naturaleza.
Frente a las aguas del océano, las costas de La Orotava ofrecen al visitante pequeñas playas, tranquilas y solitarias, sorprendentes por la peculiaridad de su arena volcánica. El Bollullo, Martín Alonso y Ancón: tres calas donde olvidarse del resto del mundo.
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